Grupo de la Escuela N.º 56

Centro educativo:  Escuela N.º 56

Localidad: Estación González, San José

Grupo:  de Inicial a 6.º grado

Nível / edades:  3 a 12 años

Cantidad de integrantes: 55

Referente: Yesica Prado

Tutora de La Greencubadora:  Indira Manzano y Mauro Zunino

Este proyecto nace del interés de las niñas y los niños por la huerta escolar y los seres vivos que la habitan, como hormigas, caracoles, babosas y orugas. A través de la observación, la investigación y la experimentación, comprenderán las interacciones ecológicas y las prácticas que favorecen el crecimiento saludable de los cultivos. La propuesta promueve el conocimiento de la biodiversidad, el cuidado del suelo y la producción agroecológica, fortaleciendo el vínculo de las niñas y los niños con la naturaleza y el entorno escolar.

Primer encuentro

El encuentro comenzó con la presentación entre el equipo tutor y las niñas y los niños de la escuela. Rápidamente se generó un clima de confianza y entusiasmo, ya que el grupo estaba al tanto de nuestra visita y del tema que íbamos a trabajar. Apenas comenzamos a conversar, compartieron sus experiencias en la huerta, los cultivos que habían realizado (lechugas, acelgas, espinacas, repollos) y las dificultades que habían surgido en algunos de ellos.

Con mucho entusiasmo nos mostraron el trabajo de investigación que ya venían desarrollando junto a sus maestras. Habían elaborado un panel titulado "Los sospechosos", donde registraron a los posibles responsables de los daños observados en los cultivos. Este mural incluía imágenes de: hormigas, caracoles, pájaros, lombrices, bichos bolita, orugas y babosas. A partir de esa primera lista surgieron varias preguntas que siguen orientando las indagaciones: ¿todos estos animales tienen boca y dientes?, ¿cómo llegan a la huerta?, ¿podría ser que el responsable sea un animal nocturno que no vemos durante el día?

Luego de conocer el trabajo realizado, presentamos la dinámica que desarrollaremos durante el proyecto y salimos a la huerta con el grupo investigador seleccionado para la jornada. Cada participante recibió una lupa y comenzó la búsqueda de evidencias. La consigna era encontrar a los sospechosos, registrar dónde aparecían, cuántos había y si detectábamos nuevos organismos que no estuvieran en la lista inicial.

Durante la recorrida aparecieron varias pistas. Encontramos hojas de repollo dañadas, algunas con marcas de corte y otras con rastros que podrían corresponder a baba de caracoles o babosas. También observamos bichos bolita debajo de los plásticos de los canteros y una hormiga transportando un trozo de hoja, lo que rápidamente la convirtió en una de las principales sospechosas para varios integrantes del grupo.

Un aspecto interesante fue que encontramos menos organismos de los que esperábamos. Frente a esto, una niña planteó que quizás el frío y la falta de sol influían en la presencia de insectos ese día. La idea fue retomada por otros miembros del grupo y quedó registrada como una nueva hipótesis a evaluar. También surgió la inquietud de observar la huerta en diferentes condiciones climáticas para comparar los resultados.

De regreso al salón, construimos colectivamente un mapa de la huerta donde registramos los hallazgos, los lugares donde aparecieron las evidencias y los organismos encontrados. Cada participante aportó dibujos, observaciones y comentarios. El mapa quedó instalado como una herramienta para continuar el proyecto entre encuentros, registrando nuevas observaciones y buscando pistas que permitan responder las preguntas que siguen abiertas.

Nos retiramos con la sensación de que existe una gran motivación por investigar. Más que encontrar respuestas inmediatas, la jornada permitió fortalecer la curiosidad, registrar nuevas evidencias y abrir nuevas preguntas sobre quiénes habitan la huerta, cuándo aparecen y qué relación tienen con los cultivos que cuidan las niñas y los niños de la escuela.

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