Edicion 2023

Informe 2023

En esta 7ma edición de La Greencubadora hemos logrado apoyar a 12 Clubes de Ciencia mediante tutorías en 12 localidades de 8 departamentos del país, a través de los cuales participaron 322 niñas, niños y adolescentes acompañados por 14 orientadoras, favoreciendo sus capacidades para la investigación científica y tecnológica en temáticas socioambientales. 

También, por primera vez brindamos la formación virtual “Herramientas para fortalecer proyectos de Clubes de Ciencia inspiradores desde un enfoque de Educación Ambiental”, dirigida a docentes. El objetivo principal fue desarrollar acciones de formación tendientes a fortalecer las comunidades educativas de los Clubes de Ciencia con un enfoque socioambiental y trabajar sobre la comunicación de las experiencias que estos realizaron. La carga horaria de la formación virtual fue de 80 horas y participaron 9 orientadoras de los grupos acompañados. 

Además, elaboramos una publicación que abarca las temáticas y los materiales generados durante la formación virtual, aspectos introductorios de la Educación Ambiental y el desarrollo de materiales didácticos en formatos digitales, así como técnicas para el abordaje metodológico. 

A su vez, realizamos una actividad central integrando a los Clubes acompañados, con una participación presencial de 90 niñas, niños y adolescentes de 6 Clubes, 15 docentes y acompañantes referentes, y 5 representantes de las organizaciones contrapartes. También, participaron en forma virtual 4 Clubes.

Como forma de reconocimiento a la participación y a la dedicación de los proyectos de investigación destinamos recursos para adquirir diferentes materiales para los Clubes y sus integrantes. Consideramos que esta acción aporta a la sensibilización de la comunidad educativa y su entorno, y permite que la propuesta se dé a conocer. También se han generado productos para visibilizar el proyecto y difundir las experiencias, lo que amplía la comunidad de La Greencubadora. En cuanto a la comunicación, se generaron publicaciones en redes sociales sobre los 12 proyectos, un espacio de podcast, videos profesionales así como asistencia en los productos creados por los grupos. Seguiremos publicando contenido en redes y en nuestro podcast con el material generado durante el año. 

Para sostener este proceso, el equipo del proyecto se agrandó, y en 2023 trabajaron en forma estable 5 tutoras y tutores, 2 voluntarias, 2 comunicadoras y la coordinadora, además de contar con el apoyo de técnicos, docentes y recreadores, personal de administración y secretaría de El Abrojo. 

La cofinanciación en 2023 de la Fundación ReachingU, junto al apoyo de empresas comprometidas como Ecotech, La Liga Sanitaria, GreentechASM y ELECO, permitieron manejar un presupuesto de $2.156.750. Esto posibilitó desarrollar una propuesta con mucho mayor alcance que los años anteriores, tanto a nivel territorial como de cantidad de participantes, y con nuevas aventuras y desafíos, como la formación virtual y la publicación, entre otras. Estas son algunas de las acciones que apostamos a seguir desarrollando desde La Greencubadora para fomentar y apoyar la educación ambiental e investigación en niñas, niños y adolescentes incubando proyectos de ciencia y tecnología que abordan temas ambientales.

Nuestro equipo de La Greencubadora comparte sobre el proceso de cada Club que acompañamos en 2023. Te invitamos a leer las notas y acceder a los videos de cada Club para conocer más sobre ellos.


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Nota con la educadora ambiental María José Manivesa, tutora del Club de Ciencia Ecoplasticosos y su proyecto Transformaplásticos, de la escuela de tiempo completo Nro 85, de Lascano, departamento de Rocha.

- ¿Cómo surgió la idea de hacer un proyecto de Ciencia?

Al comenzar el año escolar, el grupo de 2do. año escolar y su maestra Belkis, encontraron algo que les llamó la atención: muchas botellas de plástico tiradas en el patio de la escuela. Decidieron entonces conversar sobre el tema en la Asamblea de convivencia. De esta manera, resolvieron buscar alternativas para revertir esa situación. Comenzaron investigando sobre el plástico y sus efectos ambientales, los beneficios del reciclaje o su reuso. Se plantearon crear un prototipo aplicando ciertas tecnologías para implementar un sistema que les premitiera transformar esas botellas en finas fibras que sirvieran de cerdas para escobas o cepillos, y así volver estos residuos a un ciclo. 

- ¿Cuáles son las 3 características que definen a este Club de Ciencia?

Sin duda es un grupo muy especial, sobre todo por su entusiasmo, el interés en generar redes, nutrirse de otros proyectos y, principalmente, las ganas de compartir los conocimientos aprendidos, incentivando a que otras personas conozcan la situación de los plásticos y las posibilidades para abordar el tema.

El grupo se apropió de los conocimientos aprendidos y de su proyecto, con convicción sobre la importancia de generar cambios y trabajando tanto en la profundización de la problemática como en las propuestas para transformar la situación. Como uno de los resultados más visibles y tangibles, lograron el objetivo de construir un prototipo dentro del aspecto tecnológico de su proyecto. 

- ¿Cuáles fueron los principales desafíos?

Este proyecto tomó contacto formal con La Greencubadora cuando ya venía muy avanzado y en la víspera de la Feria Departamental de Clubes de Ciencia, lo que trajo como desafío pensar cómo aportarles en este momento donde ya se había recorrido un camino muy claro y sólido. Por tanto, la invitación y abordaje, fue a profundizar y estimular la reflexión con ejemplos cotidianos del alcance y la importancia de su proyecto. Esto trajo algunas cuestiones para investigar un poco más ampliando la visión, no solo a nivel local. A pesar de sus cortas edades, lograron mantener el nivel del aprendizaje desde una mirada amena, motivante y amorosa. Por ejemplo, con foco hacia los animales y los orígenes de los plásticos, y despertando el amor por lo que nos rodea.

- ¿Qué estrategias usaste para acompañar a este Club?

El grupo, desde sus inicios, mostró una orientación muy clara hacia los objetivos, y creo que los cumplió en todo su potencial. No fue fácil aportar después que ya estaban presentándose a la Feria Departamental. Sin embargo, esto habilitó a otras dinámicas más sutiles como pensar en otros, dando espacio a la empatía, ir desde lo pequeño, lo tangible, lo local hacia lo territorial y regional, por ejemplo incluyendo la importancia del uso responsable de plásticos en las playas de Rocha. 

Por otro lado, otras estrategias fueron incorporar nuevas reflexiones para ahondar en la investigación, integrar las 3 R desde la práctica y la lectura de un libro de cuentos vinculado a la temática, con sus sentipensares y espacios para la creación y representación del proyecto a partir de una mirada más intuitiva.

- ¿Qué aportes generaron a su comunidad?

Desde los inicios, este proyecto se pensó para ser comunicado y compartido a toda la comunidad, más allá del ámbito educativo. Es decir, se pensó con un componente de participación en redes de intercambio que se logró a lo largo del proyecto. En este sentido, creo que se siembra una semilla en cuanto a la amplitud que puede lograr un Club de Ciencia cuando decide ser puente y promotor de los intercambios y socialización del conocimiento. El decir sí y animarse a participar de todo evento social, cultural, empresarial y científico-tecnológico.

Además, cabe destacar los vínculos que se establecieron para la construcción del aprendizaje en conjunto, ya que fue una de las principales características por las que se distinguió el grupo: fábrica de escobas Pedro Merla-Ideal; Plasticoin; Organización de Estados Iberoamericanos (OEI); Dinamizadores de Ceibal; Grupo de recicladores locales EcoSpace; UTU-Taller Bioplásticos; Martín Fernández, que es tornero y tío de Mateo; Club Rotary; compañeros de 5to y 6to año; las familias que colaboraron en la elaboración de maquetas y de los prototipos; además de la participación en la Feria del Centro de Tecnología de Rocha, y exposición en el Centro Cultural de Rocha; difusión a familiares y a la comunidad educativa, en redes sociales y radio El Espectador y, por supuesto, La Greencubadora.


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Nota con las educadoras ambientales Lylieth Varela y María José Manivesa, tutoras del Club de Ciencia Científicos de la 94 y su proyecto La huerta como laboratorio, de la escuela Nro 94 República del Paraguay, del Barrio La Pedrera de la ciudad de Rivera, departamento de Rivera.

- ¿Cómo surgió la idea de hacer un proyecto de Ciencia?

El proyecto surgió en el marco de un proceso de huerta escolar que comenzó en 2022 con otro grupo. La huerta fue creada para la investigación desde la ciencia y la tecnología y para contar con productos sanos para la elaboración de alimentos destinados al uso del comedor escolar, el acceso a verduras orgánicas de calidad e incentivar la implementación de huertas en los hogares.

En este segundo ciclo, el grupo de 5to año A del turno matutino junto con la maestra Ángela y la secretaria Ana, quienes acompañaron y orientaron al grupo, decidió profundizar en el proceso con la incorporación de programación a través de microbits con el fin de facilitar y optimizar el sistema de riego, a través del control de la temperatura y humedad. Este aspecto tecnológico, además, fue acompañado de una investigación científica sobre el conocimiento técnico y saberes tradicionales compartidos en el proceso, junto con la experimentación.

- ¿Cuáles son las 3 características que definen a este Club de Ciencia?

Entre las principales características se destaca la solidez, el compromiso y la constancia del grupo. Estos elementos clave, dieron continuidad y sostén a un proceso iniciado por un grupo anterior, tomando los aprendizajes iniciales como punto de partida, e integrando un proyecto científico-tecnológico, tanto orientado hacia los resultados como hacia el proceso de aprendizaje basado en proyectos. A esto se le sumó la cosecha de vegetales orgánicos de excelente calidad, más la incorporación de estos en el comedor escolar y la satisfacción de alimentarse de forma adecuada a partir de sus conocimientos y dedicación.

- ¿Cuáles fueron los principales desafíos?

Una de las complejidades, posiblemente, fue sostener una investigación de encuadre científico en paralelo con otra de corte tecnológico. La primera, el estudio de las variables que afectan al crecimiento saludable de la huerta, que incluyó la temperatura, la humedad y el control de plagas. Al mismo tiempo, se fue desarrollando la programación de microbits y pensando la implementación del sistema de riego.

Otro desafío fue el manejo de la planificación y los tiempos del proceso para entender y conjugar los conocimientos adquiridos en un sistema de manejo de huerta sostenible en todos los aspectos y, sobre todo, la motivación escolar.

Otro aspecto desafiante en cuanto a las tutorías, fue mantener el intercambio de saberes a través de la virtualidad, que podemos decir fue un aprendizaje mutuo para construir colectivamente el proceso de acompañamiento.

- ¿Qué estrategias usaron para acompañar a este Club?

Cabe aclarar que el grupo se mostró muy sólido desde los inicios y se destacó el apoyo y la respuesta de las orientadoras, quienes ya tenían experiencia en Clubes de Ciencia.

Una de las estrategias utilizadas fue alternar los desafíos científicos con los tecnológicos, mostrando los pequeños logros en el día a día y ver cómo se relacionaban con los aspectos científicos y tecnológicos. Es decir, mantener el interés tanto en las prácticas diarias escolares como en la investigación en la huerta, para que la programación estuviera conectada con lo aprendido y fueran acompasadas. Asimismo, contar con herramientas para la sistematización y el seguimiento de los datos, permitió establecer un puente para analizar la información física y biológica para contar con elementos para la implementación de los microbits.

Por otro lado, este proyecto, dado su contexto, tuvo un componente social y cultural, al pretender vincular la huerta escolar con la huerta en los hogares. Sentimos que de alguna forma esto se mantuvo presente en cada encuentro, incluyendo y dando importancia al aspecto tradicional de las huertas, a los saberes ecológicos, las percepciones de ambiente y al conocimiento propio respecto a las plantas, el tipo de suelo, los factores físicos, entre otros. El trabajo en dupla también fue otro aspecto importante tanto para nutrir las estrategias didácticas como para el seguimiento del proceso, enriquecido desde la diversidad de disciplinas y saberes para el diseño metodológico, experimental y de intercambio con el Club de Ciencia.

- ¿Qué aportes generaron a su comunidad?

Se fortaleció la importancia y la revalorización de la huerta escolar y el aporte fundamental de la huerta en casa, de producir sus propios alimentos, el reconocimiento a los espacios de huerta o plantaciones que existen entre las familias de la comunidad escolar. Por otro lado, se destaca la integralidad del proceso y el involucramiento de distintos actores dentro de la comunidad escolar como madres, padres, abuelas y abuelos, como niños y niñas de otras clases, cocineras y auxiliares del mantenimiento de la escuela.


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Nota con la educadora ambiental Lylieth Varela, tutora del Club de Ciencia Buscabichos, escuela 240 “Paul Harris”, Montevideo.

- ¿Cómo surgió la idea de hacer un proyecto de Ciencia?

Como todo proceso investigativo y tecnológico su origen se da a partir de la curiosidad colectiva del grupo, desde el año 2022 los buscabichos se empezaron a preguntar sobre los insectos que llegaban a su huerta, cuáles eran, qué funciones tenían; su maestra les propone entonces trabajar con gusanos de seda y empezar su crianza, si bien era fácil conseguir hojas de morera no pudieron mantener las condiciones para que sobrevivieran, esto fue motivo para querer saber más y reflexionar en torno a las condiciones naturales y especiales que requerimos todos los seres vivos. A inicios del 2023 conocieron un cuento llamado “¿A dónde fueron los bichos?” del escritor Ignacio Martínez y fue inspiración para querer ser parte de los cuidadores del planeta, como lo menciona esta historia. De esta manera, se les ocurrió que una buena estrategia era tener vermicompostaje que enriqueciera su huerta, mantuviera las hortalizas sanas y a las plantas florecidas, garantizando que llegaran las abejas y las mariposas, mantener las lombrices y muchas más especies de flora y fauna que integralmente interactuaran. Aprovechando que tenían a Alicia como tallerista de huerta, dieron sus primeros pasos para este proyecto científico tecnológico y cuando Alicia y Andrea, su maestra, vieron la convocatoria de la Greencubadora decidieron anotarse para afianzar este proceso dentro del marco de un Club de Ciencia, algo totalmente novedoso para ellas y su grupo pero que consideraron era una valiosa oportunidad para consolidar y nutrir aprendizajes.

- ¿Cuáles son las 3 características que definen a este Club de Ciencia?

Buscabichos es un Club de Ciencia que se podría caracterizar por no perder la capacidad de asombro en lo cotidiano, transversaliza los conocimientos de su proyecto con todas las actividades curriculares y adapta estrategias de aprendizaje para que los saberes lleguen a cada integrante del Club. Por lo tanto, la observación, la integralidad y la innovación estratégica de metodologías les permitió avanzar en este proyecto científico tecnológico para la construcción de su lombricompostera, proyectando la propuesta hacia la adquisición integral de nuevos saberes, el fortalecimiento de la huerta escolar, la consolidación de la seguridad y soberanía alimentaria en su escuela y la construcción de herramientas didácticas para la apropiación de aprendizajes.

- ¿Cuáles fueron los principales desafíos?

Los distintos ritmos y procesos de cada integrante implica retomar cada jornada casi desde cero para avanzar poco a poco en la propuesta. El gran trabajo de las orientadoras (la maestra Andrea y la tallerista de huerta, Alicia) permitió que el proyecto se transitara colectivamente y tuviera continuidad.

Como desafíos específicos fueron: establecer estrategias metodológicas de un proyecto ya iniciado, demostrar los grandes trayectos recorridos y saberes incorporados por cada participante y diseñar técnicas acorde a los tiempos, capacidades e intereses para la sistematización del proyecto.

- ¿Qué estrategias usaste para acompañar a este Club?

En cada uno de los encuentros siempre se dedicó una parte inicial para rememorar lo realizado en la última juntada, recordar cada uno de sus nombres fue muy importante, contar alguna anécdota pasada y enlazar esto con las actividades hechas a lo largo del mes. Posteriormente, definir de manera colectiva la tarea que se realizaría y acordar materiales y desafíos. Todo trabajo en el patio siempre se hizo en equipos, esto permitió realizar el riego, el cajón de las lombrices y su cuidado de manera más organizada, favoreciendo el intercambio con cada participante. Asimismo, el trabajo en red con otros Clubes permitió afianzar los conocimientos, de esta manera establecimos contacto con otro grupo de La Greencubadora, con un proyecto similar, el intercambio y comunicación nos dio muy buen resultado para fortalecer el proyecto en colectivo, realizamos videos explicando el proceso, la metodología y los resultados esperados, también las lecciones aprendidas y proyecciones futuras.

- ¿Qué aportes generaron a su comunidad?

La escuela especial Paul Harris trabaja muy de cerca con las familias de cada niño y niña que hace parte de este espacio; el trabajo de los Buscabichos también se orienta hacia este espíritu de comunidad educativa, extendiendo sus avances en cada una de las actividades de la escuela como la celebración de los 50 años de la Paul Harris, el trabajo con el Rotary Club, el nexo con la huerta del Centro de Desarrollo Local del Parque Rivera y el intercambio de semillas y germoplasma con organizaciones de la sociedad civil de otros departamentos, por ejemplo “La vieja del bosque” en el departamento de Colonia, contactos establecidos por Alicia su tallerista de huerta para contar con plantas de mate, papa del aire, tabaco, entre otras. Además, el vínculo e intercambio con la escuela 41 de Castillos y su proyecto “Lombrices y Ciencias” generó lazos identitarios de ser parte de La Greencubadora.

Para darle continuidad al proyecto y garantizar la supervivencia de las lombrices en la época de verano y de receso escolar, la maestra Andrea y familias de los Buscabichos se harían cargo de cuidarlas en sus casas. Esto demuestra el gran compromiso de la comunidad educativa dentro de este proceso.


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Nota con el educador ambiental Mauro Zunino, tutor del Club de Ciencia Los Bichamigos y su proyecto Enemigos de la Huerta, de la Escuela Especial N° 119 de Ciudad del Plata, San José.

- ¿Cómo surgió la idea de hacer un proyecto de investigación?

El proyecto surge en el taller de huerta, en una recorrida por los árboles y plantas en el predio de la escuela. Encontraron en el laurel unos bichitos desconocidos, lo que les llevó a investigar respecto a las cochinillas. Surge la pregunta de investigación, ¿cómo sacamos los insectos no benéficos de la huerta, sin dañar el medio ambiente?

Desde la escuela N° 107 de Libertad, llega la consulta respecto a los métodos para repeler a caracoles y hormigas. Así surgió la inquietud de cómo tratar el problema de caracoles en la huerta.

- ¿Cuáles son las 3 características que definen a este Club de Ciencia?

Es un Club que tiene una perseverancia y constancia admirables, ante las dificultades. Con un interés muy grande por la investigación, y la puesta en práctica de la misma.

- ¿Cuáles fueron los principales desafíos?

El desafío mayor fue coordinar el involucramiento y participación de todos y todas en el proceso, dado los diversos grados de discapacidad. Esto fue posible gracias al gran trabajo de Serrana (la profesora de Huerta) y Estela (Directora de la Escuela).

- ¿Qué estrategias usaron para acompañar a este Club?

En los encuentros siempre comenzamos retomando lo realizado en la instancia anterior, para poder continuar con lo investigado. El apoyo visual (fotografías, imágenes, dibujos) fue fundamental para reforzar lo expresado oralmente, y mantener la concentración. Al finalizar cada encuentro, generamos nuevas inquietudes a investigar.

La coordinación y acompañamiento con la profesora de Huerta fue fluido, en los periodos entre tutoría y tutoría, permitiendo avanzar en el desarrollo del proyecto.

- ¿Qué aportes generaron a su comunidad?

El aporte se dio principalmente con la comunidad escolar, alumnos, maestros y familias. Presentando que es posible tratar plagas de la huerta con productos naturales que no afecten al ambiente ni a las personas, se difunde y comparte la receta del preparado obtenido para alejar a las cochinillas y caracoles.

También se realizó un intercambio de investigaciones por videoconferencia con la escuela especial N° 40 de Flores, donde pudieron compartir experiencias y resultados.


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Nota con la educadora ambiental Soledad Recoba, tutora del grupo Super Héroes del Reciclado y su proyecto Reciclaje Creativo, de la Escuela N° 185 “Mahatma Gandhi”, Barrio San Isidro, Municipio 18 de Mayo, Canelones.

- ¿Cómo surgió la idea de hacer un proyecto de investigación?

Inicialmente surge como una propuesta que no logró constituirse formalmente como un Club de Ciencia, pero que derivó en un proyecto colectivo. La responsable del espacio es la Maestra secretaria que cumple el rol de orientadora.

El problema identificado por los grupos de primer año fue el estado del patio, especialmente la cantidad de basura que se genera en el recreo.

Frente a esta preocupación, comenzaron a investigar sobre los residuos que se generaban en la escuela, qué se puede hacer con ellos y mejorar el entorno para que sea más disfrutable.

- ¿Cuáles son las 3 características que definen a este grupo?

La comunidad educativa y la dirección acompañan la propuesta e intentan alianzas interinstitucionales para fortalecer la iniciativa.

El problema principal identificado fue la basura y sobre todo los envases de plástico generados por el consumo de agua embotellada durante la crisis en el abastecimiento de agua potable en la zona.

Trabajan coordinadamente con el espacio de huerta y tienen intención de consolidar una propuesta de Club de Ciencia para el próximo año.

- ¿Cuáles fueron los principales desafíos?

Primer desafío: Identificar los residuos reciclables e instalar un sistema de clasificación.

Segundo desafío: ¿Qué hacer con el material reciclado? ¿Cómo podemos reutilizarlo?

Tercer desafío: ¿Cómo hacemos para reducir la cantidad de residuos que generamos?

- ¿Qué estrategias usaste para acompañar a este grupo?

La propuesta apunta a un abordaje lúdico-recreativo de forma colaborativa, teniendo en cuenta edades y cantidad de integrantes. Son alrededor de 70 niñas y niños de 6 años.

A partir del trabajo efectuado por el equipo educativo sobre las 3 R (reducir, reciclar y reutilizar) realizamos una batería de juegos de mesa para abordar la temática.

Base 1: Memory sobre clasificación;

Base 2: Rompecabezas, productos creados en Uruguay a partir de material reciclado.

Base 3: Las 3 R en familia, dibujamos las diferentes formas de aplicar las 3R en el hogar.

Base 4: Cada cual en su lugar, serie de tarjetas con imágenes de residuos reciclables, compostables y de otros usos para clasificar y depositar en el lugar que corresponda.

Cierre final sobre las 7 R (rediseñar, reducir, reutilizar, reparar, renovar, recuperar y reciclar) donde ampliamos el concepto de las 3R para las próximas actividades.

Para utilizar de una forma creativa el material reciclado, organizamos una jornada recreativa en el patio de la escuela.

Con la misma lógica de abordaje lúdico diseñamos un circuito al aire libre con juegos realizados con materiales reciclados.

1- Saltando y clasificando

2- Zancos para todos

3- Burbujas gigantes

4- Carrera de embolsados

5- Bolos de colores.

Esta actividad permitió disfrutar del patio de otra manera, al generar un espacio disfrutable y a la vez promover la importancia de su cuidado a través del juego.

También contagió a otros grupos y docentes para profundizar en la temática e involucrar a toda la escuela en el proyecto para el próximo año.

Por otro lado, se realizaron coordinaciones con Gestión Ambiental del Municipio 18 de Mayo para la instalación de bolsones para envases en la escuela y la realización de un taller con el equipo de Educación Ambiental de la Intendencia de Canelones sobre Clasificación de residuos y compostaje.

Y por último, acompañamos el cierre del año con una salida didáctica al parque Lecocq, hicimos una recorrida por el parque, identificando flora y fauna nativa y la importancia del cuidado y la conservación de la misma.

- ¿Qué aportes generaron a su comunidad?

Desde la escuela se trabaja con las familias para integrarlas en las actividades del centro, esta propuesta se enlaza con actividades de la vida cotidiana a través de un tema de vital importancia para la sociedad. 

En la comunidad educativa lograron contagiar las ganas de dar continuidad a la propuesta y extenderla a todo el centro educativo. 

Por otro lado, se logró un trabajo articulado con la Intendencia de Canelones para la realización de talleres, instalación de compostera y bolsones de reciclaje.


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Nota con la educadora ambiental Maia Urruty, tutora del Club de Ciencia Lombrices y Ciencias y su proyecto Una vermicompostera para la escuela, de la Escuela N° 41 Dr Héctor Lucián Canzani, de Castillos, Rocha.

- ¿Cómo surgió la idea de hacer un proyecto de Ciencia?

A partir de conocer la propuesta de La Greencubadora, surgió la idea de formar un Club de Ciencia, para poder trabajar temas ambientales que puedan abordar los niños en su comunidad.

Lo primero que se plantearon fue mejorar un baldío lindero con la escuela, con el fin de recuperarlo como espacio verde para la comunidad, pero dado que era un espacio privado, la Dirección recomendó cambiar el tema para investigar dentro de la escuela. 

Ya habían comenzado a explorar sobre la problemática de los residuos en el patio y fueron orientando su tema de investigación a la transformación de las cáscaras de frutas y verduras en tierra para las plantas de la huerta, ayudados por las lombrices de tierra. A partir de allí enfocaron el proyecto hacia la construcción de una vermicompostera.

- ¿Cuáles son las 3 características que definen a este Club de Ciencia?

Lombrices y ciencias contó con una maestra orientadora, Mariana, super motivada hacia el cuidado del ambiente y la naturaleza. La forma en que ella fue estimulando al grupo a lo largo del año fue muy destacable, así como la continuidad que dio al proyecto. Por otro lado, una vez que el grupo se comprometió con la investigación de las lombrices lo hizo con muchísima curiosidad, alegría y disfrute, resultando muy notoria la forma en que los diferentes subgrupos trabajaron aprendiendo a integrarse e intercambiar en pro de la investigación y construcción de la vermicompostera.

- ¿Cuáles fueron los principales desafíos?

El primero fue definir un tema de investigación que resultara interesante para todo el grupo, compuesto por 28 niñas y niños de 9 y 10 años. Esto se logró a partir del intercambio grupal y las estrategias generadas junto a la maestra.

Otro importante desafío fue la incertidumbre sobre la permanencia de la maestra Mariana, estaba haciendo una suplencia con el grupo de 4to año. Luego de un tiempo de acompañamiento, la maestra titular se reintegró y Mariana ya no estuvo presente en forma cotidiana en la escuela. Esto derivó en que el proyecto se trabajara más puntualmente cuando ella visitaba la escuela, lo cual mantuvo con gran compromiso más allá de la finalización de sus funciones, pudiendo finalizar el proyecto y construirse la vermicompostera para la escuela.

Un desafío personal fue atravesar por una etapa de salud familiar muy compleja, lo que no me permitió acompañar al Club hasta el final, pero con la alegría de saber que pudieron avanzar en su proyecto y que pasaron a la Feria Nacional de Clubes de Ciencia.

- ¿Qué estrategias usaste para acompañar a este Club?

Ya en la primera visita, con el tema de investigación encaminado, les llevé muchas lombrices para que empezaran a conocerlas y criarlas. En los encuentros que tuvimos, conversamos sobre ellas, nos hicimos preguntas y aprendimos mucho. Además, construimos un refugio para las lombrices iniciadoras.

Otra estrategia muy linda, en coordinación con otra tutora del equipo, fue generar una especie de intercambio epistolar con el Club de Ciencia Buscabichos de Montevideo que también trabajaba con lombrices. Los grupos intercambiaron videos donde se contaron sobre los detalles de sus proyectos. Esto generó entusiasmo y también promovió el ejercicio de comunicar su trabajo.

- ¿Qué aportes generaron a su comunidad?

El grupo se entusiasmó y familiarizó con las lombrices y con el funcionamiento de las vermicomposteras para generar un compost saludable, lo cual pudieron transmitir al resto de la comunidad educativa y también a sus familias. La escuela tuvo su vermicompostera a partir de este proyecto.


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Nota con la educadora ambiental María José Manivesa, tutora del Club de Ciencia Científicos del Patio y su proyecto de ciencia HAMUZO, de 5to año de la escuela Nro 5 de 25 de Mayo, Florida.

- ¿Cómo surgió la idea de hacer un proyecto de Ciencia?

A comienzos del año, surgió el interés por embarcarse en un proyecto de ciencia, abordando las Ciencias Naturales. El puntapié fue la metodología EEPE (Enseñanza de Ecología en el Patio de la Escuela) y el entusiasmo por el que se destaca el grupo y la maestra Leticia. Todo comenzó con una salida al patio de la escuela, recordando que 25 de Mayo es un pueblo del interior de Florida, rodeado de un paisaje bastante rural, de fuerte presencia del sector ganadero-lechero y de cooperativas. 

Al recorrer el patio de la escuela en pequeños grupos y tomarse un tiempo de observación, anotaron todo lo que les llamaba la atención. Luego compartieron ideas y temas, buscando puntos de interés común, y realizaron algunas dinámicas para converger en un objetivo que motivara a la investigación al grupo de 23 niños y niñas de 5to año. 

La observación se trasladó más allá de los límites físicos del patio, a los alrededores de la escuela y eventos vinculados a la población local, como ser la presencia o avistamiento de algunos animales como los halcones, los murciélagos y los zorros, que por sus características intrínsecas, creencias populares, sumadas a la identidad local, parecen ser particularmente interesantes de abordar.

- ¿Cuáles son las 3 características que definen a este Club de Ciencia?

El grupo, particularmente participativo, destacó su entusiasmo por mostrar los eventos locales a través de sus videojuegos, y se caracterizó sobre todo por dar lugar y espacio a los demás, dejar que todos participen, apoyarse como equipo, y sostener dinámicas organizativas que le permitieron avanzar de forma ordenada y armónica. Además, se destaca la interdisciplina al involucrar a la docente de inglés y la orientación de Ceibal. 

- ¿Cuáles fueron los principales desafíos?

Creo que uno de los grandes desafíos fue equilibrar el interés por investigar sobre la vida de estos tres animales elegidos por los mismos niños y niñas en relación a sus ecosistemas y la vida urbanizada, versus el interés por desarrollar videojuegos. Es decir, lograr conjugar una pata más tecnológica como herramienta de comunicación y profundizar en el trasfondo del proyecto de ciencia sin perderse en la cuestión tecnológica pura. 

Por otro lado, hay un desafío más sutil, en conocer a fondo las interacciones de estos animales con la comunidad local y sus actividades. Lograr pararse en los zapatos de los distintos actores, ampliar la mirada, animarse a preguntar qué está sucediendo en esta localidad que afecta de alguna manera la vida de estos animales y viceversa, o que genera ciertos comportamientos incompatibles con algunas actividades. Algo que puede llevar a reflexiones profundas…y qué hacer luego con estos aprendizajes.

- ¿Qué estrategias usaste para acompañar a este Club?

Después de superar el desafío investigación reflexiva versus tecnología, creo que el punto fue aceptar y dejar fluir hacia el interés del grupo, encontrando equilibrios a través de juegos o dinámicas que salieran del formato académico, o de lo cotidiano, como ser jugar roles, actuaciones, trabajo en equipo, dibujar, salidas al patio, respetando las motivaciones de niños y niñas.

- ¿Qué aportes generaron a su comunidad?

Se generó un punto de partida tanto para la comunidad educativa como para la localidad en general, en esto de conocer más de lo que sucede a nivel territorial. Algo tan básico como conocer qué animales nativos allí habitan y cuáles son las interacciones con el pueblo. Espero que sea además un comienzo para que sobre todo la escuela se anime a participar de la experiencia de Clubes de Ciencia y del Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), más la integración de la perspectiva desde la educación ambiental. 

En general, es clave la actitud y el involucramiento de la docente orientadora, así como contar con el apoyo de la dirección del centro educativo, como factores fundamentales para que el desarrollo del proyecto de ciencia suceda en todo su potencial. En este caso, además, se sumó el componente de difusión, apertura a integrar nuevas herramientas y enfoques, mirada hacia la identidad local, fortaleciendo el espíritu de la comunidad local y el sentido de pertenencia.


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Nota con la educadora ambiental Lylieth Varela, tutora del Club de Ciencia CPT (Ciencia Para Todos) y su proyecto Juntos Aprendemos, de la Escuela N° 125 “Pueblo de los Santos”, Vichadero, Rivera.

- ¿Cómo surgió la idea de hacer un proyecto de Ciencia?

Ciencia para Todos es un Club que surge por el interés de experimentar con sustancias que no contaminen el suelo y los cultivos como son los bioles y que además, favorecieran el crecimiento de éstos. El proceso inicia en el 2022 con un proyecto sobre lombrices y humus que permitiera nutrir sus plantas y aprovechar los residuos orgánicos generados en la cocina de la Escuela 125, además de la cantidad de hormigas observadas y que se comieron sus plantas de hoja, por lo tanto querían buscar la forma de alejarlas sin lastimarlas. Empezaron a investigar sobre distintas recetas y si bien muchas de éstas eran propuestas desde países como Colombia, con ingredientes difíciles de conseguir en Uruguay, buscaron alternativas a estos para lograr la meta de tener productos benignos con el suelo, la fauna que allí habita, las plantas y demás animales. Su experimento inició con la preparación del biol para ser aplicado en plántulas de morrón porque la maestra notó que el año pasado se detuvo su crecimiento, por lo tanto le pareció que sería interesante aplicar un preparado casero para probar si favorece al desarrollo de esta planta.

- ¿Cuáles son las 3 características que definen a este Club de Ciencia?

Podemos decir que las características que acompañan al CPT son la constancia para la experimentación, la curiosidad en la búsqueda de antecedentes y diseños experimentales para adaptarlos a la escuela y el trabajo intergeneracional en equipo. El proyecto del 2023 da continuidad al trabajo realizado el año anterior con lombrices y compostera, consolidando un proceso de agricultura orgánica y familiar. 

- ¿Cuáles fueron los principales desafíos?

El principal desafío fue sostener virtualmente las tutorías y el ritmo de la escuela rural que implica otras exigencias y tiempos, esto hizo que la flexibilidad nos acompañara para que el proceso se diera de la mejor manera: fluida, agradable y disfrutable. Todos los logros alcanzados no se habrían dado sin el enorme esfuerzo de su maestra Maira y del trabajo en dupla del equipo de tutoras de La Greencubadora.

- ¿Qué estrategias usaron para acompañar a este Club?

Al ser una escuela multigrado y con tutorías virtuales, tratamos de establecer alternativas de sistematización y registro, basadas en lenguaje gráfico, atributos cualitativos y registros en audio.

- ¿Qué aportes generaron a su comunidad?

Esta pequeña escuela rural contaba con un total de tres estudiantes, hermanas, con la ventaja de tener a la madre en la escuela como ayudante; por lo tanto, todo circuló de manera íntima y familiar con las variables que la ruralidad implica, la escuela como corazón comunitario donde todas las personas contribuyen a su bienestar, ya sea, para desagotar la huerta, levantar el invernáculo o arreglar un camino. Es un ida y vuelta permanente, el proyecto esperaba tener resultados de los fertilizantes orgánicos para plantas con hoja, frutales como sandía para que pudieran ser usados por la comunidad.


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Nota con el educador ambiental Mauro Zunino, tutor del Club de Ciencia Los cuida del agua y su proyecto Los Espías, de la Escuela N° 59 Villa Ituzaingó, San José.

- ¿Cómo surgió la idea de hacer un proyecto de Ciencia?

El proyecto de investigación surge a partir de la mala calidad de agua brindada por OSE en la localidad, en los meses de mayor crisis hídrica que tuvo el país durante 2023. Ante esta situación surge la pregunta ¿de qué otra manera se podría abastecer de agua la escuela? 

Se recorrieron las cañadas que pasan por la localidad, y un Ingeniero Agrónomo visitó la escuela para contar respecto a la calidad del agua de las mismas. A partir de entonces se realizaron recorridas por la localidad, para conversar con los vecinos e identificar aljibes y pozos de agua, llegando a mapear 38 entre ambos. 

Una vez realizado el mapeo, surgió la pregunta: ¿el agua de los pozos y aljibes es potable? Para responderla, se trabajó en conjunto con el laboratorio de la Intendencia de San José. La Ingeniera Fernanda Cerdeña, compartió una charla respecto a calidad de agua y el trabajo en laboratorio. Luego se procedió a tomar muestras de agua del pozo de un vecino, para posterior análisis en el laboratorio.

- ¿Cuáles son las 3 características que definen a este Club de Ciencia?

Un Club compuesto por 36 niños y niñas de los grupos de inicial y primer año, del cual se destaca la unión y el trabajo en equipo que permitió la participación activa de todos y todas. La capacidad de socializar en la interna del grupo, y con la comunidad, para investigar e intercambiar con los vecinos y vecinas. Es de destacar el trabajo de investigación de campo realizado y la organización del mismo, con salidas semanales. 

- ¿Cuáles fueron los principales desafíos?

Coordinar los diversos intereses que surgían entre los niños y niñas, a partir de toda la información que se generaba del proyecto. 

- ¿Qué estrategias usaron para acompañar a este Club?

En los encuentros, siempre arrancamos con una dinámica lúdica, para posteriormente hacer una puesta en común de lo realizado anteriormente y cómo seguir. Siempre trabajamos en ronda, todo el grupo junto. 

La coordinación y acompañamiento con las maestras fue muy fluido, en los periodos entre tutoría y tutoría. Esto permitió avanzar en el desarrollo del proyecto, y mantener a los niños y niñas enganchados al mismo. 

Vinculamos al Departamento de Tecnología de Primaria, para trabajar la digitalización del mapeo realizado, y al laboratorio de la Intendencia de San José en cuanto a parámetros de calidad de agua y los análisis correspondientes. 

- ¿Qué aportes generaron a su comunidad?

Al ser el proyecto realizado en un diálogo constante con la comunidad, aportó en varios aspectos. Dentro de los resultados obtenidos, un mapeo de la comunidad con sus pozos y aljibes; referenciados a la familia que pertenecen y al uso que se le da a esa agua. El diálogo realizado con el Director de Higiene, Salud y Gestión Ambiental de la Intendencia de San José, para analizar la calidad de agua de todos los pozos y aljibes en el correr del 2024. 

En otro aspecto, generó un diálogo intergeneracional en la localidad, recuperando la historia de los pozos y aljibes. De este modo, se logró que muchos vecinos y vecinas se cuestionen y reflexionen respecto a la calidad de esas aguas. 


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Nota con la educadora ambiental Soledad Recoba, tutora del Club de Ciencia URUMIJO y su proyecto MIJOLANDIA plantación de mijo en Uruguay, de la Escuela Técnica Barros Blancos, Canelones.

- ¿Cómo surgió la idea de hacer un proyecto de Ciencia?

 Aprovechando que el año 2023 fue declarado por la Food and Agriculture Organization (FAO) como el Año Internacional del Mijo por su importancia para la alimentación de la población mundial, y que la Escuela Técnica está muy cerca de la sede de INASE (Instituto Nacional de la Semilla) donde se podrían conseguir semillas certificadas para realizar el cultivo. 

La orientadora y profesora de biología promovió el tema de investigación desde el aporte que se podría generar en la población uruguaya el disponer de mijo cultivado en nuestro país para el consumo cotidiano. 

- ¿Cuáles son las 3 características que definen a este Club de Ciencia?

Este Club está integrado por 20 adolescentes de ciclo básico de secundaria y su orientadora tiene amplia experiencia en Clubes de Ciencia. 

La propuesta tiene apoyo institucional pero no cuenta con los medios para la divulgación de los resultados de la investigación. 

El compromiso y la tenacidad de la orientadora para conseguir los medios e insumos para la realización de la investigación.

- ¿Cuáles fueron los principales desafíos?

Conseguir las semillas de Mijo certificadas, las mismas fueron donadas por el INASE después de una larga coordinación por parte de la orientadora. 

Mantener el cultivo experimental en la etapa de siembra directa. 

Crear una estrategia de comunicación para difundir los resultados y el trabajo realizado. 

- ¿Qué estrategias usaste para acompañar a este Club?

El objetivo principal fue motivar a este grupo de adolescentes para difundir el proceso de investigación y divulgar los resultados de la misma. Para esto, los acompañé en las diferentes etapas hasta llegar a la Feria Nacional, en la cual recibieron una mención especial por su trabajo. 

Realizamos un taller sobre comunicación ambiental y la importancia de la divulgación científica sobre los resultados de la investigación y la aplicación social del conocimiento generado. 

Como producto de este taller se armó un guión sencillo para comunicar los objetivos del proyecto. Realizamos la grabación de audio para podcast y video para la presentación del proyecto para la Feria Nacional y Departamental.

Dado el proceso que realizó este Club, fue uno de los seleccionados para aparecer en el video institucional de La Greencubadora.

- ¿Qué aportes generaron a su comunidad?

En la comunidad educativa lograron el apoyo institucional y visibilizar la importancia de la participación adolescente en temas ambientales. 

Si bien la propuesta no tuvo repercusión visible en la comunidad local, sí logró una articulación fuerte con el INASE para el acompañamiento y seguimiento de la misma.


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Nota con la educadora ambiental María José Manivesa, tutora del Club de Ciencia Micorrizados y su proyecto Funga, de la escuela rural Nro 26 Agustín Ferreiro de Puntas de Mataojo, Maldonado.

- ¿Cómo surgió la idea de hacer un proyecto de Ciencia?

El proyecto surge en un contexto rural, por iniciativa de niños y niñas de una pequeña escuela rural situada entre las sierras de Maldonado, y la sequía que el país vivió por varios meses. A esto se sumó la promoción de la maestra Valeria para abordar la investigación científica y buscar alternativas a la situación actual, con una posibilidad de estudiar la asociación entre la raíz de las plantas y los hongos, lo que permitiría mejor absorción de nutrientes y agua como hipótesis de investigación, además de traer beneficios a los cultivos de la zona.

Este interés tan particular, llevó a que niños y niñas investiguen sobre una temática tan novedosa como antigua, y de la que poco se conoce a nivel técnico-académico, siendo un desafío mayor, además de los requerimientos de infraestructura para avanzar en la investigación, lo que no detuvo a este Club.

- ¿Cuáles son las 3 características que definen a este Club de Ciencia?

Una de las características es la heterogeneidad de edades en un grupo que originalmente era de 8 niños y niñas, desde los 5 y hasta 12 años. Además, se suma la curiosidad, el interés y el entusiasmo incluso a nivel de las familias para desarrollar un proyecto desafiante, con poco conocimiento local en el tema, aun así con mucha paciencia y perseverancia. Finalmente se logra la incorporación de un conocimiento técnico científico completamente nuevo y específico, a partir de los intercambios y charlas con expertos y expertas en la materia. 

- ¿Cuáles fueron los principales desafíos?

Uno de los desafíos, pienso que fue la cuestión tecnológica, ya que contar con un microscopio desde el principio hubiera facilitado el reconocimiento de las especies. Sin embargo, hubo una instancia de reconocimiento de micorrizas en el CURE, luego del Congreso, con una experta que nos acompañó. Finalmente cerramos el proyecto con un evento especial brindándoles el microscopio para que puedan continuar de forma simple con su investigación.

Otro de los desafíos fue la técnica tan precisa para poder avanzar en la investigación, que por la heterogeneidad del grupo fue difícil de sostener en todos sus integrantes, más aún con un nivel técnico tan desfiante.

De todas formas, esto que podría haber sido todo un obstáculo en sí mismo, trajo de la mano la construcción de un invernáculo para la experimentación, y vino acompañado de la participación de familiares que se acercaron a la escuela, además del involucramiento en la huerta de cada niña y niño en distintas tareas. 

- ¿Qué estrategias usaste para acompañar a este Club?

El proyecto tuvo un punto de inflexión luego de la Feria Departamental, que trajo una suerte de cambio de rumbo, cuando el Club no logró avanzar hacia la Feria Nacional, y el nivel de exigencia para cumplir plazos y objetivos se vio distendido. Este cambio abrió la posibilidad hacia un trabajo más tangible, desde el hacer, tocar, sentir, a través del mundo de los sentidos, del trabajo con las manos y con la tierra, reconocer las plantas de la huerta, sin dejar de investigar sobre sus cuidados y propiedades. Surge la importancia de la práctica junto con la investigación. A todo esto, cabe destacar que desde los inicios ha habido un fuerte componente artístico y creativo, fundamental para sostener la atención y el entusiasmo, motivada por la maestra, de representar el mundo Funga a través de materiales naturales y otras creaciones a partir de las manualidades. Esto incluye la participación de artesanas locales.

- ¿Qué aportes generaron a su comunidad?

Sin duda generó un fuerte compromiso con y desde las familias que apoyaron y participaron directamente incluso en los encuentros presenciales de las tutorías. Por otro lado, se logró un vínculo con el Departamento de Sistemas Ambientales de la Facultad de Agronomía y con el CURE de Maldonado (por iniciativa del Club). Además, desde la escuela, hubo participación en varias charlas y talleres con especialistas donde se involucró a todas las familias, incluso uno de estos en el ámbito de la escuela, el taller de cestería. 

Creo que otro de los grandes aportes fue el haber logrado construir el invernadero y reflotar la huerta, así como todos los saberes que conlleva, que a pesar de ser una comunidad rural, es algo que se percibía como olvidado. Si bien el invernadero fue construido dentro de la escuela, la reflexión es más bien lo que significa volver a plantar y conectarse con la tierra, con los alimentos y todo lo que allí sucede, como una “micorriza” entre la escuela y la pequeña comunidad educativa. 


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Nota con el educador ambiental Mauro Zunino, tutor del Club de Ciencia Curiosos y su proyecto Tintes Naturales, de la Escuela N° 27 de Paso del Rey, Colonia.

- ¿Cómo surgió la idea de hacer un proyecto de Investigación?

El proyecto surge a partir de lo observado a finales del año 2023, cuando al jugar debajo de las moreras, sus túnicas y championes se mancharon. De este modo, se despertó la curiosidad por conocer cómo y porqué, la mora genera manchas en la ropa; si podrá teñir otras telas, lanas, papeles.

- ¿Cuáles son las 3 características que definen a este Club de Ciencia?

El Club está integrado por 23 niños y niñas de inicial, siendo un grupo muy dinámico y participativo. Demostró a lo largo del proceso su capacidad de asombro, cuestionamiento y de investigación en la práctica. Contó con el respaldo de la dirección de la escuela, y el involucramiento y compromiso de las familias.

- ¿Cuáles fueron los principales desafíos?

El principal desafío fue organizar los tiempos, para las ideas de experimentos y pruebas que surgían constantemente por parte de las niñas y niños. Encontrar la forma de sistematizar todo lo realizado en un muestrario, para presentar en la Feria de Clubes de Ciencia y a la comunidad educativa.

- ¿Qué estrategias usaron para acompañar a este Club?

En los encuentros, siempre arrancamos con una dinámica lúdica, para posteriormente hacer una puesta en común de lo realizado anteriormente y como seguir. Dadas las características del grupo, la parte inicial era grupal y ya luego trabajamos la práctica en subgrupos para poder asegurar la participación y atención de todas y todos. 

Al tener un grupo de familias involucradas con el proyecto, se promovió la investigación y realización de prácticas de experimentación en las casas.

La coordinación y acompañamiento con la maestra vía telefónica fue muy fluida, en los periodos entre tutoría y tutoría.

- ¿Qué aportes generaron a su comunidad?

El contexto de escuela rural marcó su trabajo con las familias pertenecientes a la comunidad escolar. El intercambio generado con las artesanas del espacio Jean, quienes son de la zona y se dedican a teñir principalmente lanas a partir de tintas naturales, colaboró con la difusión y conocimiento de dicho espacio en la comunidad vinculada a la escuela.


La 7ma edición de La Greencubadora estuvo cargada de novedades, con el trabajo conjunto de muchas manos, cabezas y corazones. Durante 2023, el equipo estuvo integrado por personas con diversidad de experiencias y profesiones, unidas por la pasión de la Educación Ambiental y la construcción de ciudadanía.

Las educadoras ambientales María José Manivesa, Soledad Recoba, Lylieth Varela y Maia Urruty y el educador ambiental Mauro Zunino llevaron adelante las tutorías y acompañaron a los 12 Clubes de Ciencia. 

Victoria Argibay, como dinamizadora TIC y generadora de contenidos digitales, lideró junto a las tutoras Lylieth y Soledad la formación virtual.

Carolina Grampín, en su rol de comunicadora, diseñó y llevó adelante la estrategia de comunicación con el apoyo de Victoria, con quien comparte la formación profesional. 

Mariana Sayagués coordinó el proyecto y recibió el apoyo de todo el equipo para impulsarlo por nuevos caminos.

Todo esto implicó mucho más de lo que se percibe a primera vista; una gran dedicación y compromiso colectivo.

Agradecemos especialmente a nuestros financiadores, que comparten el interés por promover procesos de investigación ambiental en niñas, niños y adolescentes de contextos rurales, vulnerables y de pequeñas localidades. 

Con su compromiso y motivación para integrar y hacer crecer la comunidad de La Greencubadora, los apoyos de estas empresas y organizaciones permitieron que pudiéramos ampliar el alcance y la sostenibilidad del proyecto. 

Más info en: lagreencubadora.com/ 

Instagram: : @la.greencubadora

Facebook: @la.greencubadora

Spotify: https://open.spotify.com/show/23aKzijFhIMlNE2T0nkyEU 

Vías de contacto: 

ambiental@elabrojo.org.uy 

099 157 361 (Mariana Sayagués) 

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