El encuentro se desarrolló a partir de una serie de preguntas orientadoras para que los y las jóvenes estudiantes relataran sus descubrimientos, los avances alcanzados y el espíritu que guía su colorida investigación. Para lograr una participación fluida y resolver las dificultades de audio, la dinámica se organizó escuela por escuela en un aula virtual. Esta modalidad facilitó que cada niño y niña pudiera participar y escuchar a los demás, considerando que cada centro educativo ha venido actuando de manera autónoma, utilizando diferentes plantas y metodologías de extracción según su entorno. Esta instancia, además de propiciar el diálogo entre escuelas, complementó y enriqueció la investigación. El proyecto tiene sus propios desafíos y vericuetos, por lo que trabajar en grupo, sin duda, facilita y potencia su desarrollo.
A partir de las presentaciones de cada escuela, se logró un esquema colaborativo para sistematizar el mapeo de la flora y de los insumos locales empleados hasta el momento, además de trazar los caminos a seguir en las próximas etapas. Los niños y las niñas demostraron un alto nivel de creatividad y conciencia ambiental al balancear el uso de especies nativas y exóticas con descartes domésticos y escolares. Entre las materias primas identificadas se encontraron hojas de guayabo y molle; flores de ceibo; macachín amarillo, Santa Rita, ligustro y césped; así como hojas de eucalipto. A esto se sumaron cáscaras de cebolla, mandarina, naranja y banana provenientes de la cocina escolar.
Durante el plenario se remarcó el principio ético del proyecto: el respeto a la naturaleza mediante la recolección responsable. Los y las jóvenes estudiantes explicaron cómo priorizan aquellos elementos que la planta ya no utiliza o que se encuentran en el suelo (como pétalos de rosa y hojas caídas), o bien recursos que se hallan en abundante disponibilidad en el paisaje rural, como las hojas de eucalipto.