Grupo de Inicial y Primaria de la Escuela N.º 42

Centro educativo:  Escuela N.º 42, Juncal

Localidad: Juncal, San José

Grupo: Ecotribujuncal

Nível / edades:  5 y 9-12 años

Cantidad de integrantes: 9

Referente: Jhoana Alvarez

Tutores de La Greencubadora:  Indira y Mauro

Este proyecto pretende construir dos baños secos en la Escuela. La idea es instalarlos en cubículos que se encuentran en desuso. También se apunta a dar a conocer a la comunidad esta opción de baño, diferente al tradicional, en la que no se utiliza agua limpia para retirar desechos.

Primer encuentro

La mañana comenzó con una mezcla de tímidas sonrisas y miradas curiosas. Llegamos a la escuela rural, pequeña y rodeada de verde, donde nueve niñas y niños de diferentes edades nos esperaban con una energía tranquila, pero atenta.

Para romper el hielo y comenzar a conocernos, les propusimos una actividad sencilla pero significativa: cada quien recibió una gotita de cartón para dibujar algo relacionado con el agua. Al compartir sus dibujos en ronda, sus nombres se entrelazaron con recuerdos, preguntas y gestos de complicidad. Esa ronda fue nuestro primer puente.

Después, abrimos una conversación para conocer qué sabían sobre los baños secos, el tema que habían elegido para su proyecto de club de ciencia. Nos sorprendió lo claro que tenían el problema: “el agua de la escuela está contaminada”, dijeron. No tardaron en contar con entusiasmo que la tía de una compañera tiene baños secos en su casa, y que eso les había generado mucha curiosidad. ¿Cómo funcionan? ¿Por qué no usan agua? ¿Será verdad que no contaminan?

A partir de ese interés genuino, presentamos la maqueta de un baño seco. Fue un momento de gran atención y asombro. Mientras exploraban el modelo con la mirada y el tacto, comenzaron a surgir nuevas preguntas:
—¿Y por qué la gente no los usa?
—¿Tendrán mal olor?
—¿No funcionarán bien?
—¿O será que la gente no los conoce?

Se notaba que estaban pensando en voz alta, intentando entender no solo cómo funciona un baño seco, sino también por qué no son más comunes. Fue hermoso ver cómo buscaban respuestas a preguntas profundas.

La idea de cuidar el agua los entusiasmaba mucho. Se mostraron muy motivados por hacer algo concreto para contribuir: aceptaron con ganas el desafío de registrar cuánta agua se usa al ir al baño en sus casas, y se organizaron para entrevistar a la tía que ya tiene experiencia con esta tecnología. Querían preguntarle todo. Sentían que eso que iban a aprender podría servir para cambiar algo.

Nos despedimos con la sensación de haber sembrado algo valioso. Más que una clase, fue un encuentro con sentido, donde el conocimiento surgió del intercambio, la escucha y la experiencia cercana. El grupo quedó con muchas ganas de seguir investigando y de darle forma a su proyecto.

Una anécdota a destacar:
Contaron que cuando fueron a revisar el pozo de la escuela, encontraron a un lagarto muerto que continuaba agarrado fuertemente de la cuerda. Esto los impresionó mucho y reflexionaron como el agua se contamina tan fácilmente.

Segundo encuentro

Llegamos a la escuelita rural con mucha expectativa, hacía más de dos semanas que no nos veíamos, y al bajarnos del auto ya nos estaban esperando. Nos recibieron con una mezcla de alegría y ansiedad: querían contarnos todo lo que habían hecho durante ese tiempo.

Y no era poco ya que durante los días previos al encuentro, habían llevado un registro detallado de cuánta agua se usa cada vez que se tira la cadena en sus casas. Con la ayuda de sus familiares, calcularon cuántos litros se consumen por día, y lo registraron en unas tablas que nos mostraron en su cuaderno de campo.

Después nos mostraron los materiales que habían reunido para construir el baño seco. Tenían el balde y nosotros llevamos las maderas ya cortadas, el asiento con tapa y todo lo necesario para comenzar la construcción.

Antes de arrancar, trazamos entre todas y todos la ruta del día. La primera pregunta fue si el espacio que tenían pensado era adecuado para instalar el baño. Así que fuimos hasta el lugar, tomamos las medidas, y confirmamos que sí, que era posible. Esa comprobación fue como un "clic" que activó la segunda parte del encuentro: construir.

Volvimos al salón y comenzamos a armarlo paso a paso. Fue hermoso ver cómo cada quien, desde la jardinera de cinco años hasta los más grandes, se animaba a clavar, pegar, medir y hasta usar el taladro, siempre con nuestro acompañamiento. No hubo roles fijos, no hubo jerarquías de edad, fue un momento de cooperación, de aprendizaje compartido.

A medida que el baño tomaba forma se notaba cada vez más en sus miradas y en la sonrisa de satisfacción de cada uno que habían construido algo con sus propias manos y para cuidar el agua.

Pero todavía no podíamos usarlo y entonces nos preguntamos: ¿qué falta? En ronda surgió rápidamente la respuesta: hay que decidir dónde se va a hacer el compostaje y construir un compostero. Así que surgió el próximo paso. Quedamos en que antes del siguiente encuentro, junto con la maestra, elegirían el lugar más adecuado y prepararían los materiales necesarios para construirlo.

Nos fuimos con el corazón lleno, por todo lo vivenciado y compartido.

Tercer encuentro

Cuando llegamos a la escuela nos recibieron con mucha alegría. Se notaba también un poquito de nervios porque ya se acerca el Club de Ciencias y estaban pensando en todo lo que falta mostrar.

Empezamos recordando entre todas y todos lo que habíamos hecho hasta ahora. Fue lindo escuchar cómo iban trayendo detalles de cada paso: desde las primeras preguntas sobre el agua, hasta la construcción del baño seco. Ese repaso les dio confianza y nos ayudó a ver el camino recorrido.

En la puesta en común sobre el uso, limpieza y mantenimiento del baño, se notó que habían buscado más información en estos días. Las ideas eran claras y aportaban ejemplos concretos. La conversación fue sencilla pero muy rica: hablamos de cómo manejar el compost del baño, qué materiales necesitan y qué tareas corresponden al grupo y cuáles al equipo de limpieza de la escuela.

Después salimos al patio a elegir el lugar del compostaje. Lo decidieron juntos, pensando en cosas prácticas como que no se inunde y que siempre haya material para cubrir.

El momento de trabajar el tríptico y revisar el cartel que habían preparado en clase fue muy especial. Lo proyectaron en la pantalla y fuimos comentando juntos. Estaban orgullosas de lo que habían hecho, y nosotros acompañamos con algunos aportes.

Para terminar, hicimos un ensayo de la presentación. Se eligió que dos compañeras representaran al grupo en el Club, aunque todo el grupo colaboró con ideas y comentarios. Fue un buen ejercicio para ganar confianza y organizar mejor la exposición.

Al cerrar la jornada, les dijimos que las acompañaríamos ese día en el Club de Ciencias y que allá nos veríamos de nuevo. Se pusieron muy contentas de saberlo y se notó que sintieron apoyo con eso.

Cuarto encuentro

El día de la feria comenzó temprano, con el movimiento propio de un evento grande. Apenas llegamos, las dos compañeras representantes y la maestra se acreditaron y enseguida se pusieron manos a la obra para armar el stand. En poco tiempo ya tenían todo en orden: la maqueta del baño seco, el espacio del compost, los carteles y el tríptico para recibir a los visitantes.

El liceo se fue llenando rápidamente y el ambiente se volvió muy animado: voces, risas, presentaciones y saludos se mezclaban en los pasillos. Había clubes de ciencia de todas las edades escolares y los temas eran de lo más diversos: energía, huertas, salud, tecnología, medio ambiente. Esa diversidad hizo que se sintiera un verdadero espíritu colectivo de participación, donde cada grupo aportaba algo distinto y todos tenían un lugar para mostrar lo que habían hecho.

Las primeras explicaciones de las niñas fueron un poco tímidas, pero enseguida fueron tomando confianza. Con cada visitante que pasaba, se iban soltando más y encontraban la manera de contar su proyecto con claridad. La maqueta del baño seco y del compost resultó ser fundamental: les permitía mostrar de manera sencilla cómo funciona todo el sistema. También el tríptico fue muy útil para que quienes se interesaban pudieran llevarse la información.

Muchos visitantes se sorprendieron al descubrir que los baños secos no usan agua. Hubo comentarios de curiosidad, bromas como “son baños para gatos”, y también preguntas muy serias sobre el uso y el mantenimiento. Ese diálogo espontáneo enriqueció mucho la experiencia.

El ambiente de la feria fue de entusiasmo compartido. No se trataba solo de exponer, sino de convivir un día entero con otros grupos, conocer lo que investigaron, intercambiar ideas y sentirse parte de algo más grande. Fue un espacio de aprendizaje mutuo, de orgullo por el trabajo realizado y también de alegría.

Como detalle divertido, repartimos unas pegatinas con un emoji de “caquita” y la frase “también puedo ser productiva”. Estas generaron muchas sonrisas y ayudaron a abrir la conversación con humor y cercanía.

Las niñas terminaron el día cansadas pero contentas. Se sintieron acompañadas y reconocidas, y pudieron comprobar que lo que hicieron en su escuela rural también tiene un valor para otros.

Videos

linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram