Centro educativo: Escuela N.º 96
Localidad: Delta del Tigre, San José
Grupo: 5.º grado
Nível / edades: 10-11 años
Cantidad de integrantes: 25
Referente: Maritza Araujo
Tutores de La Greencubadora: Indira y Mauro
Centro educativo: Escuela N.º 96
Localidad: Delta del Tigre, San José
Grupo: 5.º grado
Nível / edades: 10-11 años
Cantidad de integrantes: 25
Referente: Maritza Araujo
Tutores de La Greencubadora: Indira y Mauro
Este proyecto nace del interés de los y las estudiantes de 5.º grado por conocer más sobre los humedales de su zona, en Delta del Tigre. A través del enfoque STEAHM, buscan desarrollar el pensamiento científico mientras se conectan con su entorno. El enfoque STEAHM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte, Humanidades y Matemática) promueve una mirada integral, que combina el saber racional con la sensibilidad, la creatividad y la reflexión crítica, enriqueciendo así el proceso de aprendizaje. La propuesta apunta a investigar, aprender y generar conciencia sobre la importancia de cuidar el ambiente local, contribuyendo activamente a la preservación de los humedales que forman parte de su vida cotidiana. Actualmente, el grupo se encuentra en proceso de definir los objetivos concretos de la investigación, en diálogo con sus preguntas, intereses y descubrimientos.



En nuestra primera visita al grupo de 5.º año, realizamos un taller con el objetivo de abrir un espacio de encuentro, escucha y exploración compartida en torno al humedal que los y las estudiantes ya venían trabajando. Comenzamos con una ronda de presentación, donde los niños y niñas nos contaron qué sabían hasta el momento, nos compartieron historias historias sobre por qué el humedal se llama “Delta del Tigre”.
Luego realizamos una dinámica rompehielos: cada participante dibujó, sobre círculos de cartón, un elemento del humedal con el que se sentía identificado, entre los elementos más nombrados estuvieron los juncos, carpinchos y árboles. Estos dibujos se compartieron en ronda, junto con el nombre de cada quien, generando una primera aproximación sensible y personal al ecosistema. En esa misma ronda, nos preguntamos qué elementos del humedal no habían sido nombrados, pero también forman parte de él. Causó sorpresa cuando se mencionó que las personas también formamos parte del humedal, a partir de ese momento se comenzaron a nombrar muchos más elementos como casas, autos, basura, fábricas… A partir de las respuestas armamos una lista colectiva. El grupo asumió el desafío de investigar cuáles de estos elementos realmente están presentes en su humedal, y en caso afirmativo, completar las fichas con dibujos correspondientes para integrarlos a la dinámica inicial.



La segunda parte del encuentro fue un trabajo grupal en equipos de cuatro integrantes. Cada grupo recibió tarjetas para responder a la pregunta: ¿Qué me da curiosidad o me gustaría conocer/investigar sobre el humedal? Cada tarjeta contenía una respuesta individual, que luego fueron agrupadas según temas en común. Así surgieron cuatro categorías principales: flora, fauna, lugares físicos del humedal y actividades que allí se desarrollan. La categoría más mencionada fue la fauna, lo que muestra un fuerte interés por conocer a los seres vivos que habitan el ecosistema.
Este primer taller permitió no solo establecer un vínculo cercano con el grupo, sino también identificar intereses y abrir preguntas que serán el punto de partida para la construcción conjunta del proyecto de investigación.



En el segundo encuentro nos recibieron las niñas y los niños con una gran sonrisa y ganas de continuar. Nos reunimos en ronda, como la vez anterior, y comenzamos recordando lo trabajado. Rápidamente retomaron la idea de investigar la fauna del humedal, especialmente las aves, que aparecieron en mayoría en sus dibujos en el encuentro pasado.
También volvió a surgir esa pregunta que ronda desde el primer día: ¿cómo podemos compartir todo esto que vamos descubriendo? Así fue que nos detuvimos a pensar en los formatos posibles. Se conversaron varias propuestas como afiches, videos, podcasts y expresiones artísticas. Entre risas, entusiasmo y algún que otro gesto de timidez, fuimos reconociendo en grupo qué nos animaba más, qué sabíamos hacer y qué nos gustaría probar. Al final, el grupo decidió avanzar con afiches y podcasts.
Luego, en grupos de a dos, niñas y niños se pusieron a escribir las preguntas que tenían sobre la fauna del humedal. Surgieron inquietudes como: ¿Cuáles son las aves más comunes de los humedales? ¿Cuál es el ave más grande? ¿Por qué viene gente a ver las aves de nuestro humedal?¿Dónde duermen las aves? Inquietudes que nacen del asombro, de lo que vieron, de lo que no saben, de lo que intuyen.
Con todas las preguntas listas, llegó el momento más esperado: montamos un rincón con mantel negro, cartel y micrófono, que nombramos “Radio del Humedal”. Se convirtió en un estudio improvisado donde cada grupo pasó al frente para compartir sus preguntas como si fueran reporteros de radio. Se generó un silencio lleno de atención, como si realmente estuviéramos al aire. Se grabaron todas las intervenciones, que formarán parte de un podcast que quieren crear.



Una de las escenas que mejor refleja lo que vivimos fue la de una alumna que, al ver que sus compañeros estaban por pasar al “aire” sin moña, ofrecía la suya para que todos pasaran “presentables” a la radio. Un gesto que nos conmovió, lleno de cuidado y juego. También hubo quienes tuvieron que vencer el miedo a hablar en público, y lo hicieron con la ayuda y el aliento del grupo. Esa pequeña red de confianza fue creciendo con cada intervención.
Terminamos compartiendo que en el próximo encuentro recibiremos a un grupo de Voluntarios y Voluntarias de Playa Penino, personas que cuidan y defienden el humedal, y con quienes podrán dialogar, preguntar y sumar nuevas miradas a su investigación. También nos planteamos revisar las preguntas que surgieron durante la actividad, por si aparecen nuevas dudas o temas que quieran incluir. Se acordó que esas preguntas adicionales serían trabajadas y escritas con la maestra en los días previos, para tenerlas listas y poder aprovechar al máximo la visita.
Nos fuimos con alegría, con ganas de más, y con un aplauso final que no fue solo un cierre: fue el reflejo del entusiasmo y del compromiso que crece con cada encuentro.
Llegamos a la escuela acompañados por Claudia y Julio, dos integrantes del grupo “Voluntarios de Playa Penino”. Ellos conocen muy bien el humedal: saben de sus caminos de agua, de las aves que lo visitan, de las plantas que podemos encontrar y los problemas que enfrenta. Tenían la intención de compartir todo ese conocimiento y ese cariño con las niñas y los niños.
En el salón, ya nos esperaba la ronda armada, con muchas ganas de compartir. Empezamos con una dinámica sencilla: decir nuestro nombre y algo que nos interesara del humedal. Entre risas y algún momento de timidez, aparecieron palabras como “aves”, “agua”, “animales”, “plantas” o “jugar”. Todos, incluso los visitantes, entramos en esa rueda de intereses y afectos.



Enseguida, el grupo quiso mostrar el papelógrafo que habían preparado junto a la maestra. Con orgullo repasaron los puntos más importantes de su investigación, recordando lo que habíamos trabajado en los encuentros anteriores. Claudia y Julio escuchaban con atención y con una sonrisa que hablaba de sorpresa y reconocimiento.
La charla que siguió fue un viaje de imágenes y relatos, las fotografías y los videos que trajeron los voluntarios nos llevaron a caminar por el humedal sin movernos de las sillas. Hablamos de la importancia de este ecosistema, de las aves más comunes, de las plantas que nos rodean y de cómo los seres humanos podemos cuidarlo… o dañarlo.
Las niñas y niños no se quedaron callados, al contrario: intervinieron, preguntaron, y también contaron sus propias historias. Cuando Claudia mencionó un ave que ya no se ve tan seguido, un niño recordó haberla visto con su papá y su tío mientras pescaban, y describió con detalle el lugar. Cuando habló de los cangrejitos que aparecen cuando hay temporal, una niña dijo que había jugado con uno. Otro momento especial fue el debate sobre un perro que persiguió aves: para algunos era parte de la naturaleza del perro, para otros un problema. La respuesta de los voluntarios, explicando que muchas aves llegan después de largos viajes y necesitan descansar, dejó un silencio reflexivo en la sala.



Luego llegó el momento de las preguntas preparadas. Con sus papeles en mano, las niñas y los niños fueron formulando una por una. Algunas respuestas eran claras, otras abrían más caminos para investigar. Se sintió un clima de verdadera conversación, donde nadie tenía todas las certezas pero todos compartían el deseo de aprender más.
El tiempo pasó volando y, sin darnos cuenta, habían pasado casi dos horas. Nos despedimos con un gran aplauso y con la sensación de que ese encuentro había dejado huellas. Las niñas y niños, agradecidos, ya imaginaban cómo usar todo lo aprendido para comenzar sus podcasts. Y nosotros, felices, sabíamos que ese día el humedal había crecido un poco más… en la memoria y el corazón de cada una/uno que compartimos.
El encuentro se desarrolló en un ambiente muy participativo. Desde el inicio, las niñas y los niños mostraron entusiasmo por compartir el guión que habían preparado con la maestra, explicando con claridad cómo se organizaron para dividir los temas y cómo pensaron la secuencia del podcast.
La dinámica funcionó bien: cada estudiante sabía qué cápsula le correspondía y cuál era su papel. Se respiraba un clima de trabajo compartido, donde se valoraba el esfuerzo y la dedicación de todas y todos. A medida que avanzaba la actividad, se volvió evidente que el grupo tenía muy claro qué quería comunicar y cómo hacerlo.
Al terminar, compartimos la satisfacción de haber completado todas las grabaciones previstas. Ellas y ellos expresaron que se sintieron parte de un proceso real de producción y que les sorprendió lo rápido que pasó el tiempo. Para nosotros también fue gratificante ver cómo se fortalecía el vínculo del grupo con el proyecto y cómo cada estudiante encontraba su lugar dentro del trabajo colectivo.
Nos despedimos con la sensación de haber dado un paso importante y con interés por continuar en la etapa de edición y en la actividad artística del próximo encuentro.
El encuentro tuvo un clima muy cálido desde el inicio. Al organizar las mesas y ver llegar a las familias, se notaba el interés por participar y acompañar el proceso educativo. Para nosotras/os fue importante poder explicarles el contexto del proyecto y que entendieran la construcción colectiva que se viene dando desde hace meses.
La demostración de la técnica despertó curiosidad genuina. Varias personas adultas se involucraron de inmediato, probando la textura de la pasta y conversando sobre posibles usos en artesanías. Esto ayudó a generar un ambiente cercano y participativo.



Durante el modelado, vimos a niñas, niños y familias trabajar con mucha dedicación. La actividad permitió que cada grupo encontrara su ritmo. Algunas mesas pedían ayuda con detalles; otras avanzaban de forma autónoma observando imágenes en sus celulares para ajustar formas de picos, patas o colas. Lo más relevante fue la construcción de un momento compartido, donde se combinaban el aprendizaje sobre fauna local, la creatividad y el disfrute.
Cada vez que surgía una duda, nos llamaban y acompañábamos el proceso. La interacción fue fluida y respetuosa. Se generó un clima de colaboración natural, sin apuros, donde lo importante era estar juntos en torno a la actividad.
Al finalizar, las familias quedaron contentas con lo logrado. Ver las mesas llenas de figuras de animales del humedal, aunque en etapa inicial, fue motivador para todos. La despedida fue muy cálida y quedó el compromiso de reencontrarnos en la muestra final del proyecto.


